sábado, marzo 01, 2008

¡El Anti-Christopher!

Antes que pedir al Fondo de Cultura Económica que retire o incinere el Diccionario crítico de la literatura mexicana: 1955-2005 (2007), de Christopher Domínguez Michael, habría que proponer a la misma editorial una adenda o dossier (este sí) crítico que reúna lo que se ha escrito sobre el libro, ya que se generó (por fin) una discusión abierta, algo no muy acostumbrado en el medio literario mexicano, y que podría resultar provechosa… si es llevada a sus últimas consecuencias. De este modo, además, se presentarían los listados diversos de los que se han considerado excluidos (ya que les parece imposible no estar en una obra con esa ambición panorámica), y serían los lectores quienes, con la suma de todo, se harían acaso una idea más completa del paisaje actual de nuestra República de las Letras, y determinarían, ellos (los lectores, insisto), quiénes en verdad faltaron y quiénes de plano no deberían estar en el mapa.
El caleidoscopio de reacciones es increíble, y ya hay incluso textos de segunda generación: comentarios de los comentarios... Que tienen el común denominador, salvo Rafael Lemus, de manifestar su desacuerdo con el Diccionario crítico, y de colocarse en una posición de suficiencia ética, como si ellos no hubieran actuado en su vida de la forma como actuó Christopher Domínguez (es decir, como crítico grupero), convertido esta vez en el malo de la película.
Pero el mal es común y es de todos. A la par del exorcismo anti-christopheriano surgieron extrañamientos porque se declarara desierto el Premio de Poesía Aguascalientes, considerando que el jurado no se quiso someter al detector de amiguismos, dadas las sospechas generadas en las últimas entregas del certamen, ante lo cual hay la propuesta desatendida de crear un “código de ética” para los premios nacionales, código que ya tiene, me parece, el proceso de selección del Sistema Nacional de Creadores, luego de que un editor regalara el apoyo estatal a su secretario de redacción, sin que éste tuviera los merecimientos mínimos suficientes para vivir por tres años del presupuesto.
Si el diálogo ha de rondar en torno a la pobreza ética habría que decir que está en todos lados, y muchos de los que señalan al Anti-Christopher podrían, a su vez, ser señalados. ¿Cómo es que José Ángel Leyva prepara antologías de grandes poetas para incluirse en ellas?, ¿qué ha hecho Marco Antonio Campos con la colección Poemas y Ensayos de la Universidad Nacional Autónoma de México, ha sido abierto y plural o paga ahí sus propias facturas?, ¿son rigurosísimas las antologías poéticas de Víctor Manuel Mendiola?, ¿no gusta el inquisidor Guillermo Samperio organizarse auto-homenajes con el apoyo de instituciones diversas?
La reprobación tendría que ser, entonces, general. No digo que Christopher esté en lo correcto, pues el crítico tiene una responsabilidad, la de ser objetivo, y no puede, si quiere ser considerado seriamente, partir de una valoración estética en la que en el punto más alto están sus jefes o editores, luego sus amigos y en tercer grado algunos escritores que ha mal leído. Confiesa cándidamente ser un pésimo lector de poesía; su pobreza teórica lo lleva a hablar de lo que rodea a libros y autores (sociología, no crítica literaria), por considerarse inhábil para un análisis riguroso del texto, al que sólo alude o elude.
Algo que Christopher perdió en el camino, me parece, fue independencia crítica. Se acercó a Octavio Paz, y éste le dejó como legado esa cárcel de los compromisos al parecer cómoda o redituable pero que lo tiene sujeto, sin que sus letras puedan ser libres. El Diccionario crítico refleja sus partes más oscuras. Es, sin duda, una apuesta desafortunada porque retrata por entero su triste decadencia.
Mas si el juego favorito de comienzos del 2008 fue reventarle globos de agua a Christopher en el rostro, habría que ver también quiénes los están tirando, posibles candidatos a sucederlo en la feria.

Marzo 2008

0 Comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]

<< Página Principal